Kinkajú: Posiblemente el animal mas adorable en Costa Rica

Escrito por: Holly Fagan

Cuando deje Inglaterra, una fría y oscura mañana de Junio, no sabía que esperar una vez que aterrizara en Costa Rica. Sabía que iba a la selva tropical, pero no sabía realmente qué era eso, y sabía que trabajaría en el área de conservación de tortugas, pero nunca había hecho nada parecido antes. Ahora, ya de vuelta en Inglaterra y rememorando mi experiencia, puedo decir de todo corazón que fue lo mejor que he hecho jamás.

Pasé un fantástico mes en la Estación de Piro en la Península de Osa.  Las selva de los alrededores es uno de los lugares más magníficos e inspiradores que he visto en los que he estado en mi vida. Vi dos tortugas marinas Lora anidando, coatíes, agutíes, un sin número de aves, reptiles e insectos, ¡e incluso un caimán joven! Pero tengo un sitio en mi corazón especialmente reservado para Fleur, el Kinkajú bebé.

Charlie y yo regresábamos de una patrulla playera diurna en Pejeperro, cuando nos vimos detenidos por una pequeña bola de pelos acurrucada en medio del sendero. Al principio, como no sabíamos que era, y pensábamos que saldría corriendo en cualquier momento, nos sobresaltamos un poco. Ella, sin embargo, no parecía estar consciente de nuestra presencia. Decidimos revisar si estaba respirando, y resultó que sí.  Luego, para ver si estaba herida, decidimos hacer ruido a ver si conseguíamos que se parara y se moviera, pero nada disturbó su sueño. ¡Se trata de animales nocturnos, después de todo! No había nada que Charlie y yo pudiéramos hacer por nuestra propia cuenta, así nos forzamos a apartarnos de ella y volvimos a la base para tomar un bien merecido desayuno.

Regresamos unas horas después con Manuel, el encantador de animales, para rescatarla en caso de que siguiera allí. Eran como las 10 am, así que las probabilidades de que su madre viniera a buscarla con el calor del mediodía eran prácticamente nulas, y la posibilidad de que terminara muriendo a causa de deshidratación, o que fuera comida por un pájaro, un gato e incluso las hormigas era muy alta. Así que la cogimos y la llevamos con nosotros a la estación.

Los kinkajús tienen una lengua muy larga que les permite alimentarse del néctar de las plantas. Al principio tratamos de alimentarla con un poco de agua con azúcar pero no funcionó muy bien y decidimos darle leche de cabra – eso si le gustó. Estaba muy relajada y animada. Luego se estiró y se rasco el estómago. Tienen manos y pies sorprendentes, como los de los humanos, pero con garras para aferrarse a las ramas. Y se mordía la cola, como los bebés cuando les están saliendo los dientes de leche. Creo que era muy joven para conocer el miedo, no parecía sentirse nerviosa con nosotros.

Nuestro plan era llevarla a un santuario esa misma tarde, pero terminamos cuidándola una noche debido a circunstancias imprevistas. Ella era muy pequeña y noche fue muy fría y húmeda, así que levanté a ver como estaba y la alimenté dos veces. Una vez a media noche, y otra cuando empezó a hacer ruido a las 3:30 am – un sonido chirriante y agudo,  para ser precisos  

La llevamos al santuario al día siguiente. Parecía fuerte y saludable, una pequeña y energética superviviente, y estoy convencida de que lograran rehabilitarla y reintroducirla en el medio ambiente.  Tuve muchas experiencias increíbles en Costa Rica pero, más que cualquier otra cosa, atesoro mi tiempo con Fleur.

Cuando deje Inglaterra, una fría y oscura mañana de Junio, no sabía que esperar una vez que aterrizara en Costa Rica. Sabía que iba a la selva tropical, pero no sabía realmente qué era eso, y sabía que trabajaría en el área de conservación de tortugas, pero nunca había hecho nada parecido antes. Ahora, ya de vuelta en Inglaterra y rememorando mi experiencia, puedo decir de todo corazón que fue lo mejor que he hecho jamás.k1

Pasé un fantástico mes en la Estación de Piro en la Península de Osa.  Las selva de los alrededores es uno de los lugares más magníficos e inspiradores que he visto en los que he estado en mi vida. Vi dos tortugas marinas Lora anidando, coatíes, agutíes, un sin número de aves, reptiles e insectos, ¡e incluso un caimán joven! Pero tengo un sitio en mi corazón especialmente reservado para Fleur, el Kinkajú bebé.

Charlie y yo regresábamos de una patrulla playera diurna en Pejeperro, cuando nos vimos detenidos por una pequeña bola de pelos acurrucada en medio del sendero. Al principio, como no sabíamos que era, y pensábamos que saldría corriendo en cualquier momento, nos sobresaltamos un poco. Ella, sin embargo, no parecía estar consciente de nuestra presencia. Decidimos revisar si estaba respirando, y resultó que sí.  Luego, para ver si estaba herida, decidimos hacer ruido a ver si conseguíamos que se parara y se moviera, pero nada disturbó su sueño. ¡Se trata de animales nocturnos, después de todo! No había nada que Charlie y yo pudiéramos hacer por nuestra propia cuenta, así nos forzamos a apartarnos de ella y volvimos a la base para tomar un bien merecido desayuno.k2Regresamos unas horas después con Manuel, el encantador de animales, para rescatarla en caso de que siguiera allí. Eran como las 10 am, así que las probabilidades de que su madre viniera a buscarla con el calor del mediodía eran prácticamente nulas, y la posibilidad de que terminara muriendo a causa de deshidratación, o que fuera comida por un pájaro, un gato e incluso las hormigas era muy alta. Así que la cogimos y la llevamos con nosotros a la estación.

Los kinkajús tienen una lengua muy larga que les permite alimentarse del néctar de las plantas. Al principio tratamos de alimentarla con un poco de agua con azúcar pero no funcionó muy bien y decidimos darle leche de cabra – eso si le gustó. Estaba muy relajada y animada. Luego se estiró y se rasco el estómago. Tienen manos y pies sorprendentes, como los de los humanos, pero con garras para aferrarse a las ramas. Y se mordía la cola, como los bebés cuando les están saliendo los dientes de leche. Creo que era muy joven para conocer el miedo, no parecía sentirse nerviosa con nosotros.k4k3

Nuestro plan era llevarla a un santuario esa misma tarde, pero terminamos cuidándola una noche debido a circunstancias imprevistas. Ella era muy pequeña y noche fue muy fría y húmeda, así que levanté a ver como estaba y la alimenté dos veces. Una vez a media noche, y otra cuando empezó a hacer ruido a las 3:30 am – un sonido chirriante y agudo,  para ser precisos  

La llevamos al santuario al día siguiente. Parecía fuerte y saludable, una pequeña y energética superviviente, y estoy convencida de que lograran rehabilitarla y reintroducirla en el medio ambiente.  Tuve muchas experiencias increíbles en Costa Rica pero, más que cualquier otra cosa, atesoro mi tiempo con Fleur.

k5

This entry was posted in . Bookmark the permalink.