El Cenízaro y la estación lluviosa

Por Hansel Herrera

Las primeras lluvias golpean ya los cerros y valles de la Península de Osa. Rápidamente, el paisaje cambia de seco marrón a un joven verde con olor a flores y frutos frescos. El gigante cenízaro (Samanea saman) soporta inmóvil el cambio de estación y se mezcla humildemente con los retoños verdosos de la vegetación circundante.

Durante la época seca, su enorme canopy con forma de sombrilla libera gradualmente la humedad cuidadosamente atrapada durante la estación lluviosa. Con una copa que fácilmente triplica su altura, miles de epifitas, zacates y hierbas silvestres mantienen un perenne verdor, incluso durante los meses mas secos del ano, bajo la divina protección de este gigante centenario.

En los meses de febrero y marzo, cuando hasta las quebradas y nacientes carecen de agua, el cenízaro se cubre de miles de flores con hermosos estambres rosados que estallan como juegos de pólvora en toda su copa. En este momento, su belleza es incomparable y decenas de animales e insectos se reúnen bajo su sombra para disfrutar las bondades de este maravilloso oasis tropical.

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