Si no te pueden ver… no te pueden comer

La guerra eterna entre depredador y su presa

Por: Max Villalobos, Gerente de Conservación Terrestre

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Un serpiente come una rana desprevenida. Foto por Manuel Sánchez.


 

Es casi el medio día y el bosque parece aletargado por el intenso calor y la humedad, aun cuando nos encontramos en la época lluviosa en Costa Rica, en la Península de Osa la temperatura puede superar fácilmente los 30 C°. Dirijo toda mi atención hacia el suelo del bosque en busca de los frutos dulces y carnosos de Zapote (Pauteria sp), sin percatarme de que los monos Araña que se alimentan de este árbol no son los más interesados en mi presencia; a tan solo unos centímetros de mi zapato una de las miles de hojas que cubren el suelo salta dejando mostrar por breves segundo la silueta de un anfibio que desaparece de nuevo al aterrizar sobre la hojarasca.

 

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Un geco se esconde en un árbol. Foto por Manuel Sánchez.


 

La relación depredador-presa está determinada en gran medida por las defensas con que cuenta la presa y la habilidad del depredador para superarlas. Existen diversos mecanismo de defensa en el reino animal; por ejemplo, los métodos químicos son ampliamente usados en forma de repelentes de mal olor o líquidos irritantes, las sustancias toxicas son también muy populares ya sean estas obtenidas indirectamente al ingerir plantas u otros animales, como el caso de muchos artrópodos o directamente sintetizadas por el animal, como lo hacen muchas serpientes. También existen quienes se defienden mediante armas físicas como lo hace el armadillo con su coraza, o el puercoespín con sus púas capases de desalentar hasta al más audaz de los depredadores.

 
Esta eterna guerra evolutiva entre presas y depredadores ha sido llevada al nivel de un arte en el bosque tropical, donde la destreza de no ser visto o parecer algo que no es, puede representar la diferencia entre la vida y la muerte. Es de este modo que la adaptación a llenado el bosque de “hojas secas, ramas y hasta flores” que vuelan o saltan para alejarse y desaparecer entre la hojarasca tan súbitamente como aparecieron.

 

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Un serpiente parece una rama de una orquídea. Foto por Manuel Sánchez.

 

Infinidad de insectos, anfibios, reptiles e incluso aves emplean el mimetismo como método para engañar los sentidos, confundirse con su entorno y pasar desapercibidos. Algunos actúan como francotiradores inmóviles hasta el momento exacto de lanzarse sobre su desprevenida presa; mientras que para otros la estrategia consiste en llevar sus vidas bajo el anonimato que brinda la invisibilidad.

 
Sea cual sea la táctica empleada sin duda es fascinante como esa fuerza por aferrarse a la vida, gravada indeleblemente en el instinto animal, es el motor que permite cada día cambiar el mundo.

Osa Conservation
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