Yoga y la conservación: una pareja perfecta

Cuando llegué a un retiro de yoga en las selvas de Costa Rica, no tenía ni idea de uno de los mejores recuerdos que me llevaría a casa al final de la semana se centraría en las tortugas – específicamente los bebés pequeños, todas niñas.

Sin embargo cuando Manuel Mendoza de Conservación Osa visitó Blue Osa Yoga Retreat & Spa para contarnos sobre el trabajo que él y su equipo de voluntarios hacen para proteger a estas magníficas criaturas, altamente en peligro de extinción, yo no podía creer lo primordial era la necesidad, y me emocioné por involucrarme.

Me arrastré de la cama a la mañana siguiente a las 5:30 – un gran logro ya que la lluvia golpeaba el techo de metal de mi hogar temporario, provocando un sueño profundo que sólo he podido conseguir en las vacaciones tropicales. Mis compañeros de viaje y yo nos subimos en dos vehículos con tracción en las 4 ruedas y nos dirigimos al sur por un camino lleno de baches hasta el punto de la Península de Osa, una de las regiones más biodiversas del planeta.

Manuel nos dio la bienvenida a las puertas de su recinto, una cocina al aire libre con un edificio independiente para oficinas y laboratorios de investigación, rodeado por un inmenso espacio verde terminando en bosque tropical hasta donde alcanza la vista. Esto no me parecía un hogar adecuado para las tortugas marinas.

El equipo de Blue Osa fue dirigido a elegir de un canasto lleno de botas para la lluvia, pero el propósito de esto se me escapó en el momento ya que estaba completamente empapada, de la cabeza a los pies, sólo por salir del auto. Manuel dijo que íbamos a hacer una corta caminata por un sendero lodoso de la selva para llegar a las crías de la tortugas marinas, esperando que lleguemos a liberarlos en el gran Pacífico.

Esto no fue un paseo por el bosque. Caminamos rápidos, vadeando ríos, tropezando con enormes raíces de los árboles, y resbalándonos en el barro mientras caminábamos.

Por fin, en armonía con los sonidos de la selva, el rugido del Pacífico nos atrajo y me motivó a seguir adelante a través del territorio desconocido.

Cuando salimos del bosque, vimos las olas agitadas golpeando la playa agresivamente frente al criadero de tortugas marinas de Conservación Osa.

Manuel nos llevó a través de la arena profunda a la incubadora, donde nos cautivó la gran energía que venía del grupo de pequeñas criaturas. Fue una experiencia de otro mundo para alcanzar la mano y tocar los bebés, la textura de sus patas y caparazones me conectaron a la naturaleza de una manera que nunca había experimentado antes.

Las crías caminaban dentro de los baldes que llevamos a la playa hacia el área de liberación. Estábamos llenos de emoción por el trabajo que estábamos a punto de realizar.

Manuel nos indicó el lugar adecuado y nos dio pautas para la experiencia de liberación.

Los números no estaban a favor de los más pequeños. De los más de 250 crías que íbamos a liberar, sólo uno o dos tenían probabilidades de sobrevivir debido a los factores que tienen en su contra. Pero no perdimos la esperanza.

Sentimos una mezcla de emociones mientras sacamos cada pequeña vida de los grandes recipientes verdes y les animamos a cruzar el amplio tramo de playa hacia el agua, lo cual se había calmado un poco por suerte.

El viaje para las crías fue corto, pero para mí tuvo un efecto de larga duración. Viendo como los bebés fueron arrastrados al mar con valentía me inspiró. Me llené de alegría por haber participado en una experiencia tan importante.

Cuando regresé a Blue Osa esa noche, pasé tiempo en mi colchoneta de yoga pensando en cómo el efecto que las crías tuvieron en mí superó el efecto que yo había tenido en ellos – y cómo los esfuerzos de Conservación Osa son apasionados y contagiosos.

Mi cuerpo se estaba recuperando de la caminata – adolorido y con ampollas – pero mi alma estaba contenta. Caminar por los bosques tropicales y conservar la naturaleza nunca habían sido dentro de mis habilidades inmediatos, sin embargo, encontré una manera de hacer una diferencia en la Osa.

Sobre La Autora

Cuando fotógrafa / escritora Leah Wyman se encontró en el medio de una crisis del cuarto de vida, dejó su trabajo en el mundo de la iglesia para el santuario que es Blue Osa. Una cantante clásica, compositora y directora de orquesta con un título de la Escuela de Música de Manhattan y más estudios en la Universidad de Oxford en Inglaterra, Leah está encontrando nuevas formas inspiradoras de utilizar su voz – en armonía con los monos aulladores, lapas rojas y olas ruidosas del mar en blueosa.com.

projects
[email protected]saconservation.org
No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.